Víctor Viñuales - ECODES

<< Director Ejecutivo de ECODES

“Los gobernantes normalmente están pensando en el cortoplacismo”

 

Fundación Ecología y Desarrollo, ECODES, se constituyó en Zaragoza en 1992 con la misión de buscar cómplices en la ciudadanía, las organizaciones de la sociedad civil, las empresas y las administraciones públicas, para acelerar la transición a una economía verde, inclusiva y responsable, enmarcada en una nueva gobernanza, mediante la innovación y la creación de puentes y alianzas, buscando el Bienestar para todos las personas dentro de los límites del Planeta. Su director ejecutivo, Víctor Viñuales, nos habla de la oportunidad que supone la COP21 de París.

 

-Ecodes estuvo durante el desarrollo de la COP21 en París, ¿podría resumirnos cómo fueron esos días de negociación?

Ni nosotros ni ninguna ONG participamos en el proceso de negociaciones. Para Naciones Unidas la Cumbre es el ADN de este tipo de encuentros. En el punto al que se había llegado había que lograr un consenso. Es muy complicado poner de acuerdo en un texto único a más de 190 países, en los adjetivos, sustantivos e incluso en los verbos. Los intereses contrapuestos juegan un papel muy importante entre los países petroleros de los que no lo son; los países del norte y los del sur, así como los países que sienten que la justicia ambiental histórica les debería reconocer que ellos son un poco las victimas del cambio climático y por tanto debería haber recursos económicos y ayuda tecnológica para los países del sur.

Un texto en el que chocan todos los intereses con dos dificultades añadidas. Una, siempre quienes rubrican y acuerdan y negocian son los “Estados Nación”, los gobernantes de los estados nación que normalmente están pensando en el cortoplacismo electoral, cuando el cambio climático tiene que ver con el corto, con el medio y con el largo plazo. Otro problema muy grave es que la atmósfera es un bien común; pero muchas veces esos jefes de estado y de gobierno tienen un interés común anclado en los intereses particulares de su país. No están pensando en la defensa de los intereses comunes de todos. Por ejemplo Rusia se pone a idear que el cambio climático le puede abrir la posibilidad más fácil de explotar los yacimientos en el Ártico y eso lo ven como una oportunidad. Por eso en estos encuentros se constata el choque entre la gobernanza global de defensa de los bienes comunes compartidos, que sería lo necesario y no el enfoque habitual de los estados nación que van a lo de ¿qué hay de lo mío? Es un choque fuerte y esos días de choques y transacciones en las negociaciones se condensan.

-¿Cómo valoraría los acuerdos aprobados en la COP21 de París? ¿Son suficientes, escasos, cumplen las expectativas para caminar hacía una economía baja en carbono?

Sobre el Acuerdo yo creo que ha habido discrepancias notables. Mi impresión es que todo el mundo tiene razón. Depende siempre de las gafas que te pongas. Si tú contrastas el acuerdo con lo que la Humanidad tendría que haber adoptado en relación con el problema, entonces diríamos que es un fracaso porque no se ha aprobado lo que habría que hacer y con el carácter vinculante que tendría que tener.

Ahora te cambias el gorro y te preguntas ¿de dónde venimos?, del protocolo de Kioto que lo firmó muy poca gente y con pocas emisiones, sin China, India, EEUU; venimos del fracaso de la Cumbre de Copenhague. Además sabemos que esto debe hacerse por consenso con los países que tienen muchos ingresos con la venta del petróleo y que se resisten como gato panza arriba a un escenario donde se eliminen los combustibles fósiles. Si se tiene en cuenta todo esto se ha dado un paso muy importante porque se ha asentado que todos tenemos que movilizarnos para que la temperatura no suba más de 2 ºC y todavía más para que no suba más de 1,5 ºC, y eso es un consenso mundial.

¿Por qué nosotros hicimos una valoración más positiva? Porque desde nuestro punto de vista, el acuerdo de París, independientemente de las insuficiencias que recoge el texto señala un antes y un después en la lucha contra el cambio climático. En París se constató la importancia de que los actores globales ya no son sólo los estados nación. Hubo una movilización mundial con las ONG. Hubo reuniones de ayuntamientos, de regiones de empresas, de fondos de inversión. Yo creo que esa comunidad que se creó no dejo a los gobernantes de los estados naciones solos como ocurrió en Copenhague, sino que debe haber junto a la diplomacia tradicional, propia de los estados nación, una diplomacia cívica, global, donde los actores se movilicen y vean qué es lo que pueden hacer. Así en París se presentaron las iniciativas de los fondos de inversión, de las empresas de combustibles fósiles, las declaraciones de las distintas iglesias, la Encíclica del Papa Francisco, la declaración de Obama con casi 80 empresas. Una ola que nunca había existido y que al calor de la Cumbre de París si que se generó, y esto nos ha llevado a ser optimistas. Decía estos días el periódico El País que las empresas del petróleo han interiorizado el Acuerdo de París porque han visto que va en serio. Se han rendido a la acumulación de indicadores objetivos de cambio climático. Aún así hay resistencias como el pacto republicano de EEUU y alguna empresa pero ya se cuentan con los dedos de la mano.

-Ecodes está trabajando desde hace más de 10 años en acciones concretas para combatir el calentamiento global. ¿Podría sintetizarnos las herramientas que están utilizando para cumplir los acuerdos de la COP y para contribuir a la descarbonización?

Nuestro trabajo está organizado en torno a tres grandes líneas: promover el mercado de la sostenibilidad; el de las políticas públicas y el de los cambios culturales. En estas tres palancas del cambio está la clave y detrás de cada una de ellas hay actores distintos.

Cuando decimos promover el mercado de la sostenibilidad, es porque nosotros pensamos que el mercado ha sido y sigue siendo una fuente de insostenibilidad. Es el mercado el que también debe ayudarnos porque quien forma parte del problema forma parte también de la solución. Hemos analizado a las grandes empresas que cotizan en bolsa y les hemos hecho un análisis extrafinanciero, es decir, buscar la política medioambiental de las empresas y más concretamente todo lo que hacen en relación con el cambio climático para que los inversores, todos nosotros, invirtamos en proyectos ambientalmente responsables.

En esta línea de trabajo tenemos muy presente el Carbon Disclosure Project (CDP). Una organización independiente sin ánimo de lucro que mantiene la mayor base de datos mundial de información corporativa sobre cambio climático, materias primas y productos de riesgo como agua y bosques. Son más de 800 mil inversores que gestionan más de 95 billones de dólares en activos donde unas 5.500 empresas hacen ya públicos sus datos a través de CDP.

Con la crisis económica paralizamos otra línea que vamos a recuperar, es la referida a “Piensa en Clima”, un ranking con las empresas que tienen más exposición al consumidor final. Un intento por ofrecer a los consumidores información clara y objetiva para escoger de acuerdo a su preocupación por el cambio climático; una forma de reconocer el esfuerzo de las empresas que se están implicando en prevenir el cambio climático desde su actividad y una manera de señalar un camino para aquellas empresas que todavía no se han planteado la necesidad de hacer lo mismo.

Gracias a “Carbonpedia” tenemos una base de datos abierta sobre la Huella de Carbono, donde buscamos entidades, productos y eventos, para que se perciba la huella de la entidad. Porque el problema que tiene el cambio climático es que no se ve. Un río contaminado lo ves y lo hueles pero el problema del clima no lo vemos y hay que visibilizar este efecto.

Otra línea que llevamos a cabo es reflexionar el “¿para qué?” de la empresa. Hoy las escuelas de negocio y las facultades de economía reflexionan sobre el cómo –cómo hacer marketing, vender más, hacer la contabilidad- y nos olvidamos del para qué de las empresas. Actualmente se acepta como verdad divina que las empresas están ahí para maximizar el interés del accionista con sus beneficios y daños colaterales. Con este enfoque de empresas no hay posibilidad de cumplir los acuerdos de París. Está claro que necesitamos otro modelo de empresa que haga negocio ayudando al interés general. La buena nueva es que esto en gran medida ya está en marcha como sucede con las empresas “B Corp”, que utilizan el poder de los negocios para solucionar problemas ambientales y sociales, además de potenciar el mercado sostenible.

Cuando te decía que queríamos promover el mercado de Políticas Públicas es porque mucha gente no es consciente de que una gran parte de las políticas públicas que se implementan en España no se aprueban en el Parlamento español, ni por el Gobierno de España, sino que viene de Europa. Una de nuestras líneas es promover y hacer incidencia en esas políticas europeas en coalición y acuerdo con otras ONG similares a nosotros en otros países de la UE.

En este sentido estamos empujando todo el tema de los gases refrigerantes con un potencial de GEI enorme, 12.000 veces el CO2; el tema del ecodiseño, de las etiquetas energéticas y del transporte. Aquí entraría también el informe que hicimos en las elecciones municipales sobre las "Ciudades con más valores. Propuestas para los pueblos y ciudades que soñamos", donde pretendemos recuperar seis valores claves para hacer nuestros pueblos y ciudades lugares más sostenibles y habitables.

También somos conscientes que el anuncio por el que se manifiesta el cambio climático es el agua, ya sea en clave de sequía, inundación o desaparición del ártico. Por eso sabemos que un tema clave es cómo gestionar el agua, el recurso y cómo evitar los conflictos que se reverdecen cuando hay situaciones extremas en relación con el cambio climático. Nosotros no nos limitamos con decirle al diputado que lea un informe sino demostrar que es posible realizar las cosas de otra manera. Así estamos impulsando el contrato del río Matarraña, para mostrar que hoy por hoy se puede combatir el tema del cambio climático fomentando la gestión participativa del agua.

Otra línea apara cambiar las políticas públicas pasa por introducir en las decisiones públicas una medición del retorno de la inversión. En España hemos hecho muchos desastres en relación con el cambio climático por una política de inversiones públicas muy equivocada, eso ha sido malo para las arcas y las deudas, pagando algo que ya sabes que es inútil. Buscamos que una inversión pública, como sucede en Reino Unido, tenga una valoración del retorno de la inversión por eso estamos trabajando en una línea SROI del retorno de la inversión.

La tercera pata sería la del mercado de los cambios culturales. Los ciudadanos no sólo nos compramos coches o apartamentos en relación con la mayor utilidad de ese bien sino que está influido por el estatus y el prestigio social. Los aspectos culturales son importantes por eso hemos desarrollados dos iniciativas en 2015 para corregir la miopía de la compasión que nos lleva a conmovernos por lo cercano en el espacio y en el tiempo y a no conmovernos por lo lejano. Hemos lanzado la iniciativa “Te lo prometo", para promover la solidaridad intergeneracional, y la de Pobreza y Cambio Climático[AnaLL10] , para ensanchar la mirada y que la gente perciba que en el drama del cambio climático no solo es que el osito que está en el Ártico se queda sin hielo porque también hay refugiados climáticos detrás, acompañados de dolor humano, no sólo del medio ambiente.

La otra línea que hemos desarrollado para establecer la conexión entre los aspectos sociales y ambientales es todo el trabajo que estamos haciendo en pobreza energética en España para combatir el buenintencionismo y promover la acción por el clima. Con “CeroCO2” buscamos esa corresponsabilidad en el Norte y toda esa cooperación en el Sur. Se trata de una corresponsabilidad con la gente para que mire sus emisiones, se plantee reducirlas y compensarlas con proyectos que se desarrollen en países menos desarrollados.

Finalmente hemos trabajado para sacar el tema del cambio climático de la irresponsabilidad. La gente piensa que es cosa de los poderosos, pero siempre se puede hacer algo, y debemos aceptar nuestra cuota de responsabilidad. También queremos sacar el tema del cambio climático del estricto círculo de los iniciados porque debe ser una cosa de mayorías, ponérselo fácil.

-¿Qué instituciones son más permeables a las recomendaciones que hacen ustedes? ¿Dónde encuentran más dificultades? ¿La opinión pública está lo suficientemente formada y sensibilizada para cumplir estos acuerdos?

La gente que es más sensible es la gente que está con mayor conciencia de largo plazo y con más conexiones mundiales. Yo creo que en la crisis hemos vivido unos años de endogamia y ensimismamiento. La empresa pequeña y mediana que estaba en la durísima batalla de sobrevivir tenía las energías, la vista y el pensamiento concentrados en eso y ha apartado a fracciones enormes de nuestra sociedad de estos problemas globales que al ser de “todos” no son de nadie, algo que ha sido muy notorio en los debates electorales, donde no aparecía porque no estaba en la calle y no debemos olvidar que los políticos hablan de las cosas que están en la calle.

Sin embargo, la gente que tiene una visión más global por necesidad no ha podido olvidarse del cambio climático. Creo que existe una minoría de gente que forma parte de esos cómplices globales. Son conscientes de que frente al viejo lema del movimiento ecologista de “piensa global y actúa local”, consideran que ahora eso es insuficiente y que hay que actuar local pero también hay que actuar global. Eso ha hecho que en España los socios de Avaaz, sean ya 1.400.000 personas que han asumido su deber de participar y moverse en las movilizaciones mundiales.

Donde sí que creo que hay más dificultad es entre aquella opinión pública que tiene una visión de que el cambio climático se trata simplemente de cambiar unas tecnologías por otras. Parece que si se cambia el carbón o los combustibles fósiles por las energías limpias ya está todo hecho, cuando la dimensión del cambio es tan brutal que eso no vale. Eso sería sencillo pero tenemos que cambiar todo, y de una forma muy rápida, el transporte, la tecnología, los hábitos, las leyes, lo que comemos, reducir nuestro consumo de carne. Eso sí que es un cambio del sistema productivo. La gente no es consciente que supone la dimensión del cambio en la lucha contra el cambio climático. No somos conscientes de que a lo mejor están en riesgo los cultivos mediterráneos que tenemos, la vid habrá zonas en las que no se podrá cultivar. Ante todo eso yo creo que no hay una conciencia clara y eso claro dificulta cualquier tarea.

 

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