La hora de la Verdad

La lucha contra el cambio climático en la COP21 consiguió poner de acuerdo a cerca de 200 países

En París, casi 200 países se pusieron de acuerdo en la Cumbre del Clima y adoptaron el acuerdo más complejo que se había negociado nunca. Buscaban acabar con el calentamiento desencadenado por el hombre con sus emisiones de gases de efecto invernadero. Un pacto que abre un camino pero no es la meta, como resaltan los negociadores y las fuentes de numerosos sectores. Hay que trabajar mucho si se quiere impedir que el aumento de la temperatura a final del siglo se quede muy por debajo de los 2 ºC. Ha llegado la hora de trabajar.

A las 19.26 hora local, del 12 de diciembre de 2015, el presidente de la COP21, Laurent Fabius, auténtico facilitador de la Cumbre del Clima, miró a las 196 delegaciones, vio que la reacción era positiva, sin objeciones y con un mazo verde dio uno de los martillazos más esperados de la historia del clima diciendo: “El acuerdo de París sobre el clima queda adoptado”, en ese momento el auditorio irrumpió en aplausos que duraron varios minutos.

Para lograr este acuerdo de París, que marca el inicio de un nuevo modelo de desarrollo, han tenido que sucederse 21 años de cumbres del clima y 12 meses plagados de intensos esfuerzos diplomáticos como pocas veces se ha visto en la historia. “Este es el acuerdo más complejo que se ha negociado nunca”, reconocieron los secretarios tanto de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, como de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Christiana Figueres.

Pese a las opiniones contrarias de algunos sectores, la sensación general fue de éxito ante un texto de 31 páginas y jurídicamente vinculante, que por primera vez reúne el compromiso mundial por mantener el aumento de las temperaturas por debajo de los 2 grados centígrados con respecto a los niveles preindustriales y perseguir los esfuerzos para limitar el aumento a 1,5 grados y evitar así los impactos más catastróficos del cambio climático.

Principales objetivos

Para lograr ese objetivo, el Acuerdo recoge compromisos nacionales de lucha contra el cambio climático de cada una de las 196 partes del acuerdo y obliga a los países tanto a rendir cuentas de su cumplimiento como a renovar sus contribuciones al alza cada cinco años. De momento 187 países de los 195 que forman parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC)  han entregado compromisos nacionales de lucha contra el cambio climático que entrarán en vigor en 2020. La primera revisión de las contribuciones nacionales tendrá lugar en 2018, y la primera actualización de las mismas será en 2020. Los países que no lo han hecho deberán presentarlos para poder formar parte del acuerdo.

Cada Estado se compromete a tomar las medidas necesarias para cumplir lo que dice en su contribución, y los que quieran podrán usar mecanismos de mercado (compraventa de emisiones) para cumplir sus objetivos.

El acuerdo adoptado es legalmente vinculante pero no la decisión que lo acompaña ni los objetivos nacionales de reducción de emisiones. No obstante, el mecanismo de revisión de los compromisos de cada país sí es jurídicamente vinculante para tratar así de garantizar el cumplimiento.

No existe la figura de las sanciones, pero si la de crear un comité de cumplimiento que diseñará un mecanismo transparente encargado de que se hace lo prometido. También deberá advertir antes de que concluyan los plazos si los países van por la senda del cumplimiento.

Pensando en un plazo más largo, todos los países deberían tocar techo lo más pronto posible. Aunque también son conscientes que a los países en desarrollo les llevará más tiempo. Además, los países se comprometen a lograr un equilibrio entre los gases emitidos y los que pueden ser absorbidos en la segunda mitad de siglo, lo que viene a suponer cero emisiones netas, o dicho de otro modo: no se pueden lanzar más gases que los que el planeta pueda absorber por sus mecanismos naturales o por técnicas de captura y almacenamiento geológico.

Las naciones ricas deberán movilizar un mínimo de 100.000 millones anualmente desde 2020 para apoyar la mitigación y adaptación al cambio climático en los países en desarrollo, así como revisar al alza esa cantidad antes de 2025.

En cuanto a la financiación se refiere, el acuerdo dice que los países desarrollados “deben” contribuir a financiar la mitigación y la adaptación en los Estados en desarrollo, y anima a otros países que estén en condiciones económicas de hacerlo a que también aporten voluntariamente. La intención de financiar debe ser comunicada dos años antes de transferir los fondos, de manera que los países en desarrollo puedan hacerse una idea de con qué montos cuentan. Las naciones ricas deberán movilizar un mínimo de 100.000 millones anualmente desde 2020 para apoyar la mitigación y adaptación al cambio climático en los países en desarrollo, así como revisar al alza esa cantidad antes de 2025.

El texto también reconoce la necesidad de poner en marcha el “Mecanismo de Pérdidas y Daños” asociados a los efectos más adversos del cambio climático, pero no detalla ninguna herramienta financiera para abordarlo.

La firma de la convención se llevará a cabo en la sede de la ONU el 22 de abril próximo, coincidiendo con el Día Mundial de la Tierra. El nuevo acuerdo entrará en vigor cuando al menos 55 partes, que sumen en total el 55 % de las emisiones globales lo hayan ratificado.

 

¿Todos a favor?

Los aplausos que siguieron a la declaración de Laurent Fabius se acompañaron por declaraciones de todo tipo que certificaban la bondad del Acuerdo para la Tierra. Anticipándose al resto de políticos, a primera hora de la mañana, cuando todas las señales que salían de la sede de la Cumbre del Clima de Le Bourget hacían pensar que finalmente habría consenso, el comisario europeo de Energía y Cambio Climático, Miguel Arias Cañete, escribía un mensaje en Twitter horas antes que invitaba al optimismo en el que decía: “This is it” (“Ya está”).

“Esta es una victoria formidable para todos nuestros ciudadanos, no solo para un país en particular o un bloque determinado, sino para todos los presentes que han trabajado tan arduamente para que lográramos cruzar la meta final”, declaró el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, en el turno de comentarios. “Pienso que, como resultado, nosotros podemos dejar en la Tierra, un legado para nuestros hijos, nuestros nietos, para las generaciones futuras. Y sé que todos nosotros estaremos mejor gracias al acuerdo que hemos finalizado aquí hoy”.

Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, por su parte calificó de “enorme” el acuerdo y barriendo para casa dijo en su cuenta de la red social Twitter “casi todos los países del mundo acaban de suscribir el acuerdo de París sobre el cambio climático, gracias al liderazgo estadounidense”.

Los elogios, por otra parte lógicos, del Secretario Genaral de la ONU Ban Ki-moon se multiplicaron en cada una de sus intervenciones. “Hemos pasado de lo imposible a lo imparable", proclamó. Ban recordó que estas gestiones se habían convertido en una de sus principales prioridades desde que se convirtió en secretario general de la ONU, en 2007. “El acuerdo de París es una victoria para la gente, para el bien común y para el multilateralismo”, agregó. “Los países -añadió- han reconocido que los intereses nacionales se cumplen mejor actuando en favor del bien común”.

Días después, en su informe a la Asamblea General de la ONU sobre la Conferencia de París (COP21) recordó la relevancia histórica del Acuerdo y afirmó que “el Acuerdo de París para la mitigación del cambio climático es un triunfo para la gente, para el planeta y para el multilateralismo”. Recordó que cada Estado ha prometido reducir sus emisiones contaminantes, fortalecer su respuesta a los efectos del fenómeno y actuar en las arenas nacional e internacional, entendiendo que las necesidades domésticas se satisfacen mejor cuando se busca el bien común. En este sentido, Ban reiteró la importancia de avanzar como un frente unido para lograr la meta de mantener por debajo de 2 grados centígrados el aumento de la temperatura global en este siglo y para impulsar un desarrollo incluyente.

El único país que puso problemas fue Nicaragua pero a pesar de ser muy duro en las negociaciones, no bloqueó el pacto. Lanzó sus críticas una vez que el acuerdo ya había sido dado por aprobado por la presidencia francesa de la cumbre. Quiénes si mantuvieron la tensión hasta el final fueron China e India sobre todo con todo lo referido al Grado de Vinculación y la Diferenciación que se mantiene en el texto final. Las nuevas potencia asiáticas rechazaban que se les metiera en el mismo bloque que los países desarrollados a la hora de hacer esfuerzos y rechazaban un pacto del clima que les iguale a los países ricos. Los emergentes pedían que la mayor carga del acuerdo recayese en las naciones desarrolladas.

Tras dos noches en vela, se aprobó que los países industrializados encabezasen los esfuerzos y reducir emisiones. Al resto, entre ellos China e India, se les alentaba a que, con el tiempo, pongan en marcha metas de reducción o limitación de las emisiones. Pero teniendo en cuenta las diferentes circunstancias nacionales. Mantener esta doble velocidad ha sido una de las principales reivindicaciones de los emergentes durante la negociación (Ver entrevista con Valvanera Ulargui). Finalmente el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino Hong Lei subrayó que su país “continuará trabajando con la comunidad internacional para afrontar el cambio climático global”.

La firma de la convención se llevará a cabo en la sede de la ONU el 22 de abril próximo, coincidiendo con el Día Mundial de la Tierra.

Certificando su imperfección, el subsecretario general de la ONU para el Cambio Climático, Janos Pasztor, en una conferencia de prensa en Nueva York para detallar el contenido del documento del Acuerdo reconoció que “no es perfecto”, pero consiguió logros monumentales y demostró que los países están listos para tomar medidas que mitiguen el fenómeno. Pasztor señaló que “las 187 contribuciones nacionales para reducir las emisiones de gases contaminantes son la clara señal de que las naciones están decididamente comprometidas a moverse hacia una economía ambientalmente sustentable”.

Sí, pero

El pasado 16 de diciembre, el Club Español del Medio Ambiente quiso valorar los “Resultados de la Cumbre de París, COP21” y organizó una jornada en la que participó José Manuel Moreno, catedrático de Ecología de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) y vicepresidente del grupo de trabajo II del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas en la que afirmó que: “Con lo que hay puesto sobre la mesa la limitación del calentamiento se acercará más a los 3 grados que a los 2 grados centígrados, por lo que los países tendrán que aportar propuestas nuevas, más ambiciosas de reducción de gases de efecto invernadero de aquí a 2020”. Aunque también recalcó que en su opinión, el acuerdo de París es “un primer paso que abre mecanismos para que con sucesivas revisiones se pueda llegar a cumplir ese objetivo”.

Al finalizar la Cumbre, el director de Greenpeace Internacional, Kumi Naidoo, dijo que “el Acuerdo de París es solo un paso en un largo camino, y hay partes en este acuerdo que resultan frustrantes y decepcionantes, pero es un avance. El acuerdo por sí solo no nos sacará del agujero en que estamos metidos, pero hace que la cuesta para salir de él sea menos empinada”.

Tasneem Essop, Jefa de la Delegación de WWF para las Negociaciones Climáticas de las Naciones Unidas dijo que: “El acuerdo de París es un hito para el mundo. Hemos logrado un avance aquí, pero aún falta mucho por delante. De regreso a nuestros países, tenemos que fortalecer las acciones nacionales. Tenemos que asegurar una acción más rápida de los nuevos esfuerzos de cooperación de los gobiernos, las ciudades, las empresas y los ciudadanos, para reducir las emisiones con mayor profundidad, brindar los recursos para la transición energética en las economías en vías de desarrollo, y proteger a los pobres y más vulnerables. Los países deben comprometerse el próximo año con el objetivo de implementar y fortalecer rápidamente los compromisos hechos aquí”.

Para Juan Carlos del Olmo, Secretario General de WWF España: “El acuerdo de Paris es un paso importante, pero sólo el primero en el camino para frenar el cambio climático. El texto contiene aspectos muy relevantes, pero otros vitales han quedado fuera en aras del consenso y tendremos que trabajar muy duro en el futuro para hacerlas realidad. Ahora países como España, que sigue quemando carbón y apoyando las prospecciones de petróleo y gas, tienen una gran responsabilidad y pedimos al futuro gobierno que se comprometa de verdad con un modelo renovable 100 % y a terminar con el apoyo a las energías contaminantes”.

La ministra española de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, ausente de las negociaciones por la campaña electoral que se llevaba en España, declaró en rueda de prensa celebrada en la cumbre que “cuando vinimos a París, el objetivo de limitar el aumento de temperatura a 2 ºC ni siquiera estaba en el texto y hoy estamos hablando de que cita una voluntad de trabajar para avanzar hacia un límite de 1,5º C para 2100”.

Poniendo los pies en el suelo y refiriéndose a la comunidad científica, Víctor Viñuales, director de ECODES ha declarado que “No es el acuerdo que las ciencias del clima reclaman, pero es un acuerdo que supone un paso irreversible hacia una economía baja en carbono. La economía de los combustibles fósiles que conocemos entra en el tiempo de descuento”.

 

 

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