Con la demolición vuelve la vida

El derribo de presas constituye una actuación muy efectiva en restauración fluvial, ya que se recupera la dinámica geomorfológica natural del cauce, implantando la base para el restablecimiento de todo el ecosistema fluvial.

En las últimas décadas la demolición de azudes y presas obsoletas se ha puesto en práctica de forma creciente tanto en Norteamérica como en Europa. En la Península Ibérica hemos tenido que esperar a la entrada del siglo XXI para ver sucederse los primeros derribos de estos obstáculos transversales.

Como se esperaba, el derribo de presas ha sido una fuente de beneficios. En el documento “Geomorfología y restauración fluvial: seguimiento del derribo de presas en Guipuzcoa” publicado en Cuadernos de investigación geográfica, se recoge que se puede devolver continuidad longitudinal al sistema, renaturalizando procesos hidrogeomorfológicos y favoreciendo a las comunidades biológicas, en especial a la fauna migratoria.

Los azudes demolidos en la Península Ibérica son pequeñas presas y azudes en desuso, en las que ya no hay derivación hidrológica, los impactos son casi exclusivamente geomorfológicos, afectando a los procesos de erosión, transporte y sedimentación y a las morfologías del cauce.

Ayudando al salmón

En octubre de 2010 la Diputación Foral de Gipuzkoa informó del inicio de las obras de demolición del Azud de Mendaraz, situado en un tramo fluvial del río Urumea, entre los municipios de Errenteria (Gipuzkoa) y Arano (Navarra). Según la institución foral, se eliminó este “obstáculo artificial” contemplado dentro del proyecto de cooperación transfronteriza de POCTEFA, denominado BIDUR, con la participación de la Diputación de Gipuzkoa y HAZI empresa pública del Gobierno Vasco.

Se trataba de una presa con 3,5 metros de altura, que constituía una importante barrera que limita la conectividad fluvial y ecológica del río Urumea. Con el derribo de este obstáculo artificial, construido para garantizar la cantidad de agua necesaria para la actividad de una central hidroeléctrica hoy en desuso, se dio un importante paso de cara a favorecer el correcto funcionamiento del ecosistema fluvial y las vías de movimiento naturales del río. Acción que favoreció los movimientos migratorios de los peces, especialmente del salmón, que ya tienen un obstáculo menos para la colonización del río en su ascenso cuando regresan desde el mar.

Barrera infranqueable

A mediados de 2013 comenzaron las obras de demolición de la presa de Inturia, situada en el kilómetro 9 del río Leitzaran, en el término municipal de Elduain. Un obstáculo artificial de 12,5 metros de altura y 51,4 de longitud, que se encontraba en desuso. Se trata de una de las acciones contempladas en el proyecto europeo GURATRANS, dentro del proyecto de cooperación transfronteriza POCTEFA, con la participación de URA (Agencia Vasca del agua), la Diputación de Gipuzkoa y HAZI.

De nuevo una barrera infranqueable y en desuso que impedía drásticamente la relación ecológica entre los tramos del río que se sitúan aguas arriba y abajo. Además, la amplia zona embalsada artificial que generaba la presa, interrumpía también la sucesión de tramos rápidos y pequeños remansos que aparecen en el resto del río. Con su derribo se liberará un importante tramo de la red fluvial, favoreciendo el restablecimiento de los movimientos naturales del río y una mejora en el estado de conservación de los hábitats, tanto acuáticos como terrestres, de esta zona del Leitzaran.

 

Debido al tamaño de la infraestructura y al gran volumen de sedimentos acumulados en el embalse, la demolición de la presa de Inturia se abordará en cuatro fases. La demolición por fases es la opción más natural, ya que supondrá un restablecimiento paulatino del régimen de caudales sólidos. Esta decisión se ha tomado después de valorar distintas opciones para la eliminación de los sedimentos, como la búsqueda de zonas alternativas próximas para acumular los depósitos o el traslado en camiones a algún vertedero fuera de la cuenca.

La primera de estas fases de demolición se abordó en 2013, dejando que el río se adaptase de un modo gradual a los cambios. En agosto de 2014, aprovechando que en verano circula menos caudal por el río, comenzó la segunda fase de demolición que concluyó en el mes de septiembre, dejando la presa en condiciones de seguridad hasta la siguiente intervención, prevista para agosto de 2015.

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