ENTREVISTA - Alfredo Ollero Ojeda

Alfredo Ollero Ojeda es Presidente del Centro Ibérico de Restauración Fluvial, doctor en Geografía, profesor titular de geografía física de la Universidad de Zaragoza y Científico del Instituto de Investigación en Ciencias Ambientales de Aragón.

“Existe un vacío enorme a nivel normativo en aspectos de restauración”

 

Crecidas e inundaciones son procesos naturales necesarios en el planeta, que rigen y renuevan el funcionamiento de todos los cursos fluviales. La deficiente cultura ambiental de nuestro tiempo nos ha llevado a demonizar estos procesos, que eran respetados por nuestros antepasados, conscientes de los muchos beneficios que aportaban, pero que actualmente consideramos molestos para nuestras actividades. Ahora los vemos como un peligro y exigimos seguridad frente a ellos, cueste lo que cueste. Por ello se hace necesario integrar la restauración en planes de gestión más amplios. También es urgente la formación técnica y científica en restauración fluvial y es fundamental la educación ambiental de la sociedad sobre el funcionamiento de los sistemas fluviales y los beneficios y objetivos de su restauración.

 

¿Podría hacernos una aproximación breve y sencilla a la definición de restauración fluvial?

Si partimos de la base de que los ríos están bastante dañados, que tienen un considerable conjunto de enfermedades, entonces, la restauración fluvial sería hacer todo lo posible para curar esas enfermedades. La restauración por tanto tratará de recuperar la salud de ese río enfermo.

-Siguiendo con el símil sanitario, ¿qué tratamientos (normativa) para curar esa enfermedad tenemos?

Realmente una normativa específica de restauraciones hoy por hoy no tenemos. Contamos con dos Directivas, la Directiva Marco Europea del Agua y la Directiva de Inundaciones; pero que si se analizan bien no dicen que haya que restaurar. Sí dicen que se deben tratar los ríos para que alcancen un buen estado ecológico. Unos necesitarían de una restauración para ello y otros no porque han conservado un buen estado ecológico. Pero la palabra restauración específicamente no se menciona. Esto nos lleva a afirmar que existe un vacío enorme a nivel normativo en aspectos de restauración. Algo que no sucede sólo con los ríos, porque tampoco disponemos de una Directiva de restauración ambiental, que podría ser un punto indiscutible de referencia, ya que podría aplicarse a cualquier sistema natural que tuviésemos que restaurar. Si nos fijamos incluso en la Constitución, la palabra restauración brilla por su ausencia. La “Carta Magna” no recoge nada específico sobre restauración ambiental.

Este déficit normativo perjudica a los ríos y al medio ambiente en general. Los ríos se pueden apoyar en las mencionadas directivas en algunos aspectos específicos pero en otros no. Así, la Directiva Marco del Agua además de recoger que se debe alcanzar el buen estado ecológico, debería haber dado un paso más recomendando las metodologías y consolidando la restauración fluvial como un mecanismo para alcanzar ese buen estado. Nos encantaría, como sucede con las minas, disponer de una Ley como la Ley de Minas del 1973, en la que se recoge que conforme vas abriendo una mina o cantera en una dirección tienes que ir restaurando el impacto que vayas ocasionado, sobre todo en las minas a cielo abierto.

-Internacionalmente, ¿sucede lo mismo?

En Estados Unidos existe mucha tradición y se han hecho bastantes cosas desde la década de 1980. Nos llevan alguna ventaja sobre todo a nivel de voluntariado y de colectivos que de alguna manera se preocupan por la defensa de sus ríos. Sus publicaciones y guías de referencia nos han servido al resto para crear manuales de participación ciudadana en temas de mejora del río. Europa va por el mismo camino. Un dato importante es que en los programas de todos ellos coinciden que los proyectos se llevarán a cabo en ríos pequeños, que son más manejables.

En España un importante punto de referencia fue el I Congreso Ibérico de Restauración de Ríos organizado conjuntamente por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, la Confederación Hidrográfica del Duero y el Centro Ibérico de Restauración Fluvial (CIREF) bajo el lema “la restauración de ríos, una oportunidad para mejorar el estado ecológico de los sistemas fluviales, disminuir los riesgos de inundación y contribuir al desarrollo del medio rural”, y celebrado en octubre de 2011. Allí, más de 350 asistentes de dentro y fuera de España y procedentes de diversos ámbitos, analizaron diferentes herramientas y experiencias para compatibilizar y recuperar el estado ecológico de los ríos y a la vez paliar los efectos negativos de las inundaciones. El éxito de este congreso nos ha llevado a organizar el II Congreso  Ibérico de Restauración de Ríos, en junio de 2015, en este caso en Pamplona y en el que tenemos puestas todas nuestras ilusiones y expectativas.

-¿Qué importancia ha tenido la Estrategia Nacional de Restauración de Ríos?

Esta Estrategia por definición, desde su puesta en marcha en 2006, es una propuesta de gestión actual de nuestros ríos cuya finalidad fundamental es la recuperación de nuestras masas fluviales mediante la adopción de un conjunto de medidas que permitan llegar a restaurar, en unos casos, y a mantener en otros, su comportamiento como ecosistemas. En definitiva, llegar a alcanzar el buen estado ecológico de los ríos mejorando su funcionamiento en los plazos previstos para el cumplimiento de la Directiva Marco del Agua.

Saliendo de su contenido y definiciones la Estrategia sirvió para que por fin se hablara de este tema. Para que se crearan unos grupos de trabajo integrados por todas las personas que de alguna manera estábamos trabajando en esta materia y pudiésemos reunirnos. Para que el Ministerio financiara algunos proyectos y para que se formaran algunos grupos de voluntarios que han sobrevivido hasta hoy.

Gracias a los grupos de trabajo, investigadores y gente de la Universidad, demostramos todo lo que se podía hacer en restauración fluvial, desembocando en la creación del Centro Ibérico de Restauración Fluvial. Desde entonces y gracias a estas reuniones de trabajo, fuimos conscientes, como sucede en muchas otras cosas, que la Ciencia va más rápida que la técnica y la aplicación. Nos dimos cuenta que todos hemos aprendido teoría pero la puesta en práctica luego es complicada y muchas veces no hay ejemplos suficientes de buenas prácticas. Para encontrar ejemplos adecuados o me voy a ciertos países o ni siquiera en algunos países voy a encontrarlos. Técnicamente tampoco se sabe muchas veces cómo actuar. De hecho cuando dices hemos conseguido que vayan a eliminar esta presa, van a eliminarla pero entran con maquinaria pesada en el cauce y se destrozan las dos orillas. Es muy complicado, menos mal que luego los ríos tienen capacidad de autocorregirse y en el momento que tienen alguna crecida lo dejan todo bien. La técnica todavía no ha avanzado tanto y en algunos casos todavía te preguntas si tienes que poner dinamita o maquinaria. Sí hemos aprendido que lo que mejor queda es lo que menos hacemos nosotros y más dejas hacer al río.

-¿Dónde encontramos más dificultades a la hora de iniciar cualquier proceso de restauración?

Casi todas las iniciativas surgen de personas concretas y por eso son tan locales. De alguna manera ya tienen camino andado y un caldo de cultivo para que la iniciativa siga para adelante. Por eso lo primero que debemos hacer es contar con el apoyo de los vecinos, para que estén de acuerdo en que el río se puede mejorar y además hacerlo de forma voluntaria. Las dificultades aparecen cuando tenemos que llegar a acuerdos o convencer a los que tienen algún tipo de interés económico en el tramo que se vaya a restaurar porque generalmente consideran que el proceso de restauración puede perjudicar sus actividades.

En ese momento entran en juego las negociaciones. Para ello se disponen de figuras como los Contratos de Río, que de alguna manera ponen a todo el mundo de acuerdo en determinados aspectos relacionados con el contrato, donde se puede recoger por ejemplo que se pueden permitir ciertos usos mientras se tratan de mejorar otros. Se puede llegar a hacer un buen proyecto de restauración a partir de un buen Contrato de Río. Por desgracia en España esta modalidad todavía no está muy extendida. Un ejemplo a destacar es el Contrato del Río Matarraña, cuyo principal problema es la eliminación de los vados y no de las presas. Yo estoy colaborando en este Contrato y una de nuestras principales misiones pasa por convencer a los agricultores que los utilizan para llegar a sus campos, es que en los tramos donde existan tres o cinco vados, vamos a dejar sólo uno. Ellos tendrán que andar algo más, y nosotros les demostramos que los beneficios para el río son notables, ya que dejarán de retener madera muerta, sedimentos, no impedirán la continuidad del río, permitirán que pasen bien los peces y disminuirán los daños de inundación.

En el Contrato de Río también desmitificamos los riesgos de inundación. En el municipio de Caparroso por ejemplo convencimos a los vecinos y quitamos una defensa que no protegía nada. Hasta el momento todo era teoría pero, después de la primera inundación, ellos vieron con sus propios ojos que después de retirar esa mota el agua no entró en el pueblo. Cuando consigues demostrar los beneficios las cosas generalmente salen bien. Una figura muy importante para llevar a cabo actuaciones de este tipo es la de los alcaldes, a los que invitamos a los municipios donde queremos actuar para que, con su experiencia vivida, demuestren los beneficios de la actuación que se va a realizar.

"No disponemos de una Directiva de restauración ambiental, que podría ser un punto indiscutible de referencia, ya que podría aplicarse a cualquier sistema natural que tuviésemos que restaurar."

-¿Se puede realizar una restauración fluvial en cualquier sitio?

Nosotros manejamos una base de datos en la que se contabilizan unas 100 actuaciones. A las que deberíamos añadir los derribos de presas, que para nosotros también es restauración o que tiendo a ello, entonces la cifra aumenta hasta los 200 derribos. Hasta ahora han sido pequeñas presas, alrededor de los 13 metros, pero tengo que destacar que el pasado mes de septiembre se voló en Madrid una presa que tiene 25 metros, la de Robledo de Chavela, que ha batido el récord de España en altura.

Me gustaría destacar que en Europa y en Australia, ya no se utiliza la palabra restauración, utilizando rehabilitación. Es importante esta matización porque en España muchas veces llamamos restauración a lo que en realidad es rehabilitación. Restaurar sería devolver la salud, volver al río a una situación equivalente a la que tenía antes del impacto. Equivalente, nunca la misma, porque el río ha asistido a una evolución y esto es como las personas que, siguiendo con los símiles sanitarios, le puedes curar una enfermedad pero no puedes evitar que envejezca. Con el río pasa lo mismo, realmente nunca puede volver a su situación anterior porque el río ha cambiado, aunque no hubiera sufrido el impacto hubiera cambiado. Por eso hay que verlo siempre en su trayectoria. Por eso es muy difícil restaurar los tramos de un río que está por debajo de varios embalses que regulan una cuenca.

En esta línea la mayor parte de autores del ámbito científico consideran que la auténtica restauración es muy difícil. Se puede lograr que el río funcione un poco mejor, que tenga una estructura otra vez de río en algunas cuestiones, en sedimentos, en vegetación, pero nunca se puede conseguir del todo si seguimos teniendo presiones humanas sobre el mismo, que por otra parte es lo más normal. Por eso se habla de rehabilitación, es como decir que el médico no te puede curar pero te manda a rehabilitación. Yo no conozco ningún río totalmente restaurado. Puedes restaurar un tramo, de hecho cuando tu quitas una presa se puede decir que si que has hecho restauración porque en ese tramo tu le has quitado el impacto que tenía; pero aún así si ese río tiene otra más arriba que no has retirado, el río ya no está funcionando con toda su salud.

"La Directiva Marco del Agua, además de recoger que se debe alcanzar el buen estado ecológico, debería haber dado un paso más recomendando las metodologías y consolidando la restauración fluvial como un mecanismo para alcanzar ese buen estado."

-Podemos decir entonces que los ríos españoles están enfermos

En ríos España está muy enferma. Es cierto que gracias a la Estrategia y a pequeñas iniciativas locales se van rehabilitando algunos tramos de río, pero mientras se hace eso hay miles de tramos de río que siguen siendo objeto de colocación de escolleras, dragados, limpiezas, eliminación de vegetación, nuevas presas, minicentrales. Realmente lo que se hace en recuperar es mucho menos que lo que se hace por seguir utilizando y dañando los ríos. Mientras yo estoy arreglando un tramo de río en una cuenca, la misma confederación que ha permitido que yo arregle ese trozo de río ha aprobado cien actuaciones de defensa que están destrozando cien tramos de río y alejándolos del buen estado. Esto es muy duro para nosotros y sabemos que de momento es imposible. Por eso siempre decimos que lo primero que hay que restaurar son las ideas. Hasta que no haya realmente un cambio de mentalidad, mientras se siga sin tener en cuenta que el objetivo número uno de las confederaciones es hacer cumplir la Directiva del Agua y se sigan defendiendo las actuaciones mal planificadas, que dependen generalmente a intereses económicos, la salud de nuestros ríos seguirá siendo mala.

 

Luis Guijarro

 

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