RESTAURAR CON BUEN CRITERIO Estrategia Nacional de Restauración de Ríos

Los cientos de restauraciones llevados a cabo en nuestro país se están convirtiendo en una práctica habitual, ante la que no se debe bajar la guardia y debe basarse siempre en la experiencia de los técnicos y científicos, sin olvidar la participación de los habitantes del territorio.

<< Parque natural de Arribes del Duero. Panorámica del río en la frontera con Portugal.

 

En los últimos años se han diseñado y ejecutado un amplio número de intervenciones que ya han contado con un enfoque integrado, basado en las exigencias de las normativas europeas y españolas, y en la medida de lo posible fundamentado sobre el conocimiento técnico de la dinámica de las riberas. A nivel estatal, la Estrategia Nacional de Restauración de Ríos (ENRR), se ha desarrollado de manera coordinada por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente y las Confederaciones Hidrográficas (gran parte de las actuaciones han sido una iniciativa propia de algunas confederaciones), sin olvidar los ejemplos que pueden encontrarse en los programas y estrategias homólogas desarrolladas por algunas Comunidades Autónomas, en el ámbito de sus competencias, como sucede con Cataluña o Navarra.

Dice Fernando Magdaleno que “la restauración de ríos comprende un amplio abanico de técnicas dirigidas a la mejora de la estructura y funcionamiento de los ecosistemas fluviales. Como se recoge en el documento “Notas Técnicas del CIREF” publicado por el Centro Ibérico de Restauración Fluvial (CIREF), “la restauración ambiental o ecológica es el más avanzado de los procesos de gestión de un sistema natural cuando la degradación ya se ha producido, ya que el primero sería conservar y evitar la introducción de la presión perturbadora. La restauración es un proceso fundamentalmente recuperador, pero también corrector y preventivo. Es el último paso, el más avanzado, pero sólo es viable y factible en situaciones de gestión ambiental sostenible, mientras resulta difícil o imposible en sociedades incapaces de renunciar a su imparable consumo de recursos”.

España necesitaría un importante trabajo de restauración fluvial porque, según certifica Jesús Yagüe Córdova, ex-Subdirector General de Gestión Integrada del Dominio Público de la Dirección General del Agua, en el editorial de la revista Sauce “la demanda de agua en nuestro país, a la vez que la ocupación del espacio fluvial o la defensa contra las inundaciones han motivado que nuestros ríos no presenten, en una gran parte de los casos, un estado ambiental adecuado”. Y es tanta la alteración, fundamentalmente en los tramos medios y bajos que “el nuevo escenario creado por la Directiva Marco del Agua y la Directiva de Inundaciones hace patente la necesidad de generar actuaciones de diversa índole para mejorar progresivamente el estado de nuestros ríos”.

Proceso de cambio

En el año 2006 el entonces Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino, elaboró la Estrategia Nacional de Restauración de Ríos con el objetivo esencial de crear un nuevo enfoque en la gestión y aprovechamiento de nuestros ríos, acorde con los principios de la Directiva Marco del Agua.

Según Yagüe, esta Estrategia se inició y se concibió como un conjunto de actuaciones encaminadas a iniciar un “proceso de cambio en la gestión de los sistemas fluviales”, a través del cual se pueda lograr la mejora del estado ecológico de los ríos e integrar y promover la participación ciudadana en su gestión.

Este experto comenta que el objetivo inicial de esta Estrategia pasa por establecer las líneas adecuadas de actuación para alcanzar el buen estado ecológico de los ríos mejorando su funcionamiento como ecosistemas. Así, la ENRR marcó una serie de objetivos específicos, comenzando por fomentar la integración de la gestión de los ecosistemas fluviales en las políticas de uso y gestión del territorio, con criterios de sostenibilidad; contribuyendo a la mejora de la formación en los temas relativos a la gestión sostenible de los ríos y su restauración; aportando información y experiencias para mejorar las actuaciones que se están llevando a cabo en el ámbito de la restauración de los ríos en España, impulsando la participación ciudadana e implicando a los colectivos sociales en la gestión de los sistemas fluviales.

El diagnóstico del estado de los ríos en España y las actividades con impactos de mayor relevancia de los ríos españoles fue una de las primeras actuaciones para sentar las bases de la Estrategia Nacional de Restauración de Ríos. Se organizaron Mesas de Trabajo con distintos temas que dieron lugar a documentos de gran valor técnico sobre la problemática de nuestros ríos.

Distintos procesos de restauración. Trabajos llevados a cabo en el río Órbigo y en el río Urumea.

 

Recomendaciones

Toda restauración fluvial debería comenzar por el reestablecimiento de un régimen hidrológico más cercano al régimen natural, especialmente en lo que concierne a la magnitud, frecuencia, duración, época y tasa de cambio de las avenidas. Este hecho ya está reconocido como un paradigma entre numerosos técnicos e investigadores.

La consideración en el régimen de caudales del conjunto de variables del sistema fluvial debe ser, por ello, el primer paso en la consecución de actuaciones encaminadas a devolver al río su estructura y funciones naturales. Existiendo diversas metodologías para dotar al río de este régimen ambiental.

Otro aspecto básico para que las técnicas de restauración elegidas tengan éxito es el mantenimiento de un espacio de libertad fluvial, donde el río pueda desarrollar su dinámica natural. La ordenación de usos y aprovechamientos en este espacio resulta, por esta razón, fundamental. Sus dimensiones deben ser consensuadas entre todos los agentes públicos y privados implicados en la gestión del sistema fluvial, tomando como base la hidrodinámica del río, y las características de su llanura de inundación. También es preciso que las técnicas introducidas cuenten con el tiempo suficiente para alcanzar los objetivos fijados, y que se lleve a cabo un mantenimiento adecuado de las mismas.

Según recoge el CIREF en sus notas técnicas, el proceso de restauración debe lograr naturalidad, funcionalidad, dinamismo, complejidad, diversidad y resistencia para el sistema natural. La auténtica restauración es, por tanto, auto-restauración. El sistema debe ser capaz de recuperarse solo progresivamente, a lo largo de un proceso, desde el momento en que se eliminen los impactos.

Los expertos del Centro Ibérico dicen que los objetivos de la restauración no deben ser una pretendida “belleza”, ni recreo, ni estabilidad, como es frecuente, tampoco debe limitarse con cumplir simplemente con la legalidad vigente en cada caso. Restaurar no es estabilizar, ni revegetar, ni ajardinar, ni urbanizar, ni maquillar ni, por supuesto, camuflar. Por ejemplo, la restauración estrictamente  paisajística no es auténtica restauración, ya que se centra en la calidad escénica del sistema natural o de alguno de sus elementos, y no en la funcionalidad o dinámica del mismo, no persigue un objetivo natural. Las técnicas de bioingeniería o ingeniería natural, cada vez más extendidas, tampoco deben asociarse necesariamente con la auténtica restauración, ya que generalmente se emplean para objetivos estéticos o de estabilización.

Visones y presas

La Estrategia Nacional de Restauración de Ríos incluye hasta el momento más de un centenar de proyectos de restauración en las cuencas intercomunitarias de España. Muchos se encuentran actualmente en fase de ejecución o bien ya se han ejecutado y sobre ellos se está realizando un seguimiento que tiene por objeto evaluar los objetivos alcanzados y su grado de ajuste con respecto a los objetivos esperados, con tres grandes bloques generales de actuaciones:

  1. Eliminación de barreras transversales y creación de estructuras que recuperen la continuidad longitudinal fluvial.
  2. Recuperación del espacio fluvial mediante la eliminación o retranqueo de motas, estabilización y/o recuperación de márgenes y riberas. Cabe hacer mención a la utilización cada vez más frecuente de técnicas de bioingeniería en esos aspectos.
  3. Lucha contra las especies invasoras alóctonas, cuya presencia es habitual en los cauces y riberas españoles.

Algunos de estos bloques de actuación se pueden observar en los tramos de los ríos Aragón y Arga. Ambos cauces tenían unas infraestructuras de defensa que disminuyeron su dinámica, reduciéndose incluso los hábitats naturales disponibles que acogían al visón europeo (Mustela lutreola). Estos cauces configuran el núcleo de mayor densidad de esta especie detectado en Europa Occidental, que, además, está catalogada como “en peligro de extinción”, por lo que se hacia necesario llevar a cabo proyectos de restauración de las llanuras de inundación naturales, hoy en día ocupadas por la agricultura y las plantaciones forestales.

Otro ejemplo a seguir ha sido la actuación llevada a cabo en el río Órbigo, León. El ejemplo del Órbigo, cuyas obras realizadas han recuperado la conectividad transversal y longitudinal del río, mejorando su capacidad de laminación natural, disminuyendo el riesgo de los posibles daños causados por las inundaciones y regenerando los hábitats fluviales, todo ello bajo criterios de sostenibilidad económica y ambiental, le llevó a ser elegido como finalista en los prestigiosos premios European Riverprize en 2013. Toda una hazaña.

La demolición de presas obsoletas supone otra buena práctica de restauración fluvial, como se ha podido comprobar en las presas de Mendaraz e Inturia, en el norte de España. Sin duda estas construcciones dejarán de ser una barrera infranqueable y en desuso, facilitando la relación ecológica entre los tramos del río que se sitúan aguas arriba y debajo de sus respectivos cauces fluviales. Estos ejemplos forman parte de la demolición de pequeñas presas, alrededor de los 13 metros; aunque rompiendo la excepción, el pasado mes de septiembre se voló en Madrid una presa que tiene 25 metros, la de Robledo de Chavela, batiendo, de momento, el récord de España en altura.

 

Luis Guijarro

Equipo y patrocinadores