EDITORIAL Bajo los adoquines está…la agricultura urbana

Cubrimos tanto suelo en las ciudades: asfalto, aceras, viviendas, calles, plazas… que el agua  cuando cae  no acaba de encontrar dónde empapar la tierra, dónde juntarse con otras gotas, en qué acuífero.

Pero no solo el agua está desnortada, también los niños creen que las lechugas y los tomates crecen en los supermercados. Los ven en los estantes, envueltos en plásticos, iluminados con fuerza para seducir a los consumidores, los vuelven a ver en los programas de cocina en la televisión, en las imágenes de los libros de texto… Los “ven” en muchos sitios, salvo en su lugar, en el campo, pegaditos a su mata.

Y ha enloquecido el conjunto de nuestro modelo de producción y consumo. Las cosas se producen a miles de kilómetros de donde se consumen. Y quemamos en minutos el petróleo que la naturaleza tardó millones de años en producir. Este mover las cosas de un lado a otro, guiados por la maximización de los beneficios nos ha traído muchos daños colaterales. 

En este modelo económico las ciudades están para succionar y engullir lo que la naturaleza produce a miles de kilómetros. Son como un gran ojo del huracán que hace girar a toda la biosfera a su alrededor.

Tanto se torció la lógica y la razón que el sistema inmunológico de la sociedad civil ha reaccionado y  las cosas están cambiando en todo el mundo. Este número de la revista esPosible así lo demuestra. Aquí y allá florecen iniciativas de agricultura urbana en sus múltiples facetas: huertos urbanos, periurbanos, escolares, terapéuticos… La reconquista de la ciudad ha comenzado en todo el mundo.

La tierra, el agua y el sol, impulsados por la voluntad y la pasión de miles y miles de personas , están produciendo toneladas y toneladas de alimentos crecidos en solares, en tejados, en parques…y consumidos por los vecinos de la manzana de al lado.

Los restaurantes quieren productos cercanos, los consumidores quieren conocer a los agricultores, los agricultores quieren conocer a quienes se comerán su cosecha…todos satisfechos porque el empleo se queda en casa.

Y la ciudad se tiñe de verde y arrincona a la contaminación. Cambia el paisaje y cambia el paisanaje. Sí, la agricultura, ayer exiliada de la ciudad, vuelve con nuevos bríos a reconquistarla. Y esta vez viene para quedarse.

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