JULIÁN BRIZ - Presidente de PRONATUR y del Observatorio de la Agricultura Urbana

“La agricultura urbana ha venido para quedarse”

Por si existe alguna duda sobre la importancia de la agricultura urbana, ya existen numerosos estudios y publicaciones, como las realizadas por el Catedrático profesor por la Universidad Politécnica de Madrid, Julián Briz, que certifican las bondades de este tipo de cultivo para el que incluso ya se ha creado e impulsado el nuevo concepto de “Naturación urbana”.

Profesor, ¿podría resumirnos qué es PRONATUR y el Observatorio de la Agricultura Urbana que usted preside?

Pronatur engloba a la Sociedad Española para la Promoción de la Naturación Urbana y Rural. Se trata de una institución sin ánimo de lucro ubicada en la ETS Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid que forma parte de la World Green International Network (www.wgin) y colaboradora con www.greenroofs.org. Es un foro de encuentro de investigadores, empresarios, universitarios y expertos en ciudades verdes y agricultura urbana. Desarrolla actividades de investigación, académicas y divulgación, con instituciones públicas y privadas, nacionales e internacionales. Es cofundadora del “Observatorio de Agricultura Urbana” conjuntamente con el Foro Agrario.

Dice “naturación urbana”, sin embargo al buscar esta palabra en el diccionario de la RAE no lo encuentro.

Claro que no. Es un concepto que nació en la mesa en la que estamos teniendo la entrevista. Hace casi tres décadas, viendo el éxito que estaban teniendo las zonas verdes en Alemania, cuando hablábamos de las mismas aquí y nos referíamos a ellas como los  “tejados verdes”, algunos periodistas nos preguntaban ¿qué era ese tipo de pintura? En ese momento nos planteamos que debíamos explicarlo bien y creamos un término para definir cómo se incorpora la naturaleza al lugar donde tú vives, y lo inventamos aquí.

Entonces, puede resumirnos ¿qué engloba la naturación urbana?

La naturación urbana (UN) incluye no solo el enverdecimiento sino la incorporación integral de la naturaleza en el entorno de la ciudad, tanto animal como vegetal. Por ello debe analizarse desde varios escenarios: técnico e innovación, medioambiental, paisajístico, salud, económico, social y político, para satisfacer una creciente demanda urbana. En América Latina es un término utilizado habitualmente y nosotros lo hemos incorporado en numerosas publicaciones e incluso uno de nuestros libros de referencia lo incluye también Naturación Urbana: cubiertas ecológicas y mejora medioambiental. Podemos decir que es un movimiento que promueve el enverdecimiento urbano como respuesta a la pérdida de espacios verdes en las ciudades y en los edificios. Con respecto a la RAE, es cuestión de tiempo que lo incorpore.

Este concepto ha visto la luz sobre todo cuando la mejora del medio ambiente y los serios problemas de las urbes han ocupado por fin una atención especial de los ciudadanos. Estamos iniciando una etapa decisiva en la cual, políticos, académicos y empresarios deben dar respuesta al cúmulo de interrogantes que a diario se plantean en los medios de comunicación. Necesitamos que los esfuerzos individuales y de los “grupos verdes” tengan un eco más profundo en la conciencia social. Es el momento de buscar soluciones viables, sin posiciones demagógicas, de forma que sean aceptadas por la mayoría de la sociedad sin traumas excesivos.

Técnicamente, ¿cómo influye el movimiento de la agricultura urbana?

Las nuevas construcciones deberían adecuarse para desarrollar esta agricultura. Se necesita innovar en los materiales de construcción, en los diseños arquitectónicos, en las nuevas formas agrarias, en las especies vegetales y en sus prácticas de cultivo. Los empresarios y los investigadores tienen ante sí todo un reto para afrontar los nuevos cambios.

Ambientalmente, ¿qué beneficios aporta?

En el área medioambiental el impacto de la agricultura urbana es positivo. Las plantas, con su función clorofílica fijan el carbono y oxigenan el entorno. El binomio planta sustrato retiene el agua y mejora la humedad del ambiente. La fijación de polvo atmosférico y la fijación de metales pesados (plomo, cadmio) es otra de sus cualidades. Además, reducen también otro de los grandes problemas de las ciudades, la contaminación acústica.

“En el área medioambiental el impacto de la agricultura urbana es positivo. Las plantas, con su función clorofílica fijan el carbono y oxigenan el entorno”.

Entonces, los arquitectos tienen ante sí un nuevo reto

Hasta ahora el paisaje urbano se nos ha mostrado como una jungla de cristal y cemento, que nos creaba un estrés visual y emocional. La idea de “ciudad verde” ha irrumpido con fuerza. Cada vez son más frecuentes los diseños de grandes arquitectos, como Emilio Ambasz, que ya apuestan por los edificios integrados en la naturaleza.

¿Cómo incide la agricultura urbana en la salud?

El entorno salud es también relevante y de gran interés para los urbanitas. La mejora del medioambiente incide directamente en las enfermedades originadas por elementos contaminantes. Además de en los aspectos fisiológicos hay que tener muy en cuenta la salud mental. Por eso, cada vez proliferan más los huertos y jardines urbanos cuyas tareas se llevan a cabo por grupos que necesitan una distracción. La agricultura urbana ya se utiliza como terapia en lo huertos de los hospitales, en los centros de acogida y como actividad para la recuperación de los dependientes por las drogas.

En un mundo donde la economía tiene un gran peso específico ¿qué repercusiones tiene la agricultura urbana?

El impacto económico del enverdecimiento de las ciudades tiene múltiples facetas. La disminución de las huellas de carbono, hídrica y energética, tienen su competencia medioambiental pero también económica. Sin duda, el autoabastecimiento de alimentos y el reciclado de residuos orgánicos disminuirán los costes logísticos.

Sobre lo que no existe ninguna duda es que tenemos una excelente herramienta para salir de la crisis. En un momento como el que vivimos hablar de una actividad que puede generar puestos de trabajo debería de ser bien recibida. En la Conferencia WGIN celebrada en Nantes, Francia, en septiembre de 2013, fue un tema muy referido en todas las ponencias. Es la nueva carrera, la nueva profesión que va a tener una gran demanda. Así por ejemplo, los colegios cada vez más van a tener que tener su huerto, como en México donde es una actividad obligatoria. Sin duda es una excelente salida que podría ayudar a abandonar la crisis.

Socialmente, ¿tiene buena aceptación?

En el aspecto social la agricultura urbana es un punto de encuentro de comunidades que tienen aficiones y objetivos comunes. Hoy las nuevas técnicas de información y comunicación (TIC) han permitido que el individuo goce de unas relaciones globales mundiales, haciendo también que en muchos casos se aíslen de su entorno. Las comunidades de huertos urbanos están consiguiendo una mayor aproximación social. Siempre recibiremos con los brazos abiertos las prácticas agrarias, porque pueden ocupar parte de nuestro ocio y además resultan menos estresantes que otras actividades, porque están acompañadas por el ejercicio físico y el contacto con la naturaleza.

¿La administración y la clase política ven esta actividad con buenos ojos?

La dimensión política de la agricultura urbana está muy ligada a las administraciones locales, que son las encargadas de regular las normativas municipales. Esta legislación es la que puede estimular o poner barreras a la implantación de zonas verdes y huertos urbanos. Los ciudadanos adquieren aquí un papel muy importante, son los encargados de protagonizar las acciones sobre su entorno, y por eso deben transmitir sus deseos-exigencias a los políticos.

“Es cierto que a los pioneros se les ve siempre como algo atípico, pero hoy ya forman parte de ese 15% de la agricultura mundial que ya es urbana”.

Entonces, ¿los mayores problemas para este cultivo provienen de la clase política?

Pienso que la mayor dificultad se encuentra en la disponibilidad de suelo. El suelo en las ciudades es caro y cuando hay suelo disponible la legislación no está de acuerdo y prohíben este tipo de iniciativas o las declaran ilegales. Ante este dilema la agricultura urbana ofrece también soluciones ya que puede desarrollarse tanto horizontalmente como verticalmente, es decir en fachadas, azoteas, terrazas e incluso pequeños balcones. Una agricultura en vertical de la que ya disponemos ejemplos muy dignos.

La universidad, la economía, los políticos, los ciudadanos hablan ya de agricultura urbana. ¿Podemos decir que está de moda?

En absoluto. La agricultura urbana viene para quedarse. Estamos hablando de la “revolución silenciosa”. La economía de mercado a través de los precios tiene unos efectos intangibles que no se reflejan, como sucede con la huella de carbono o la energética, cuyos efectos, si los incluimos en la receta final, terminan por priorizar el uso de la agricultura urbana. Las nuevas generaciones de agricultores, que vieron como se había producido el proceso de desagrarización del mundo rural, ahora están protagonizando parte de la agrarización de la ciudad. Es cierto que a los pioneros se les ve siempre como algo atípico, pero hoy forman parte ya de ese 15% de la agricultura mundial que ya es urbana.

“Sobre lo que no existe ninguna duda es que tenemos una excelente herramienta para salir de la crisis y como tal debería ser bien recibida”.

El modelo de las ciudades actuales es insostenible y queda mucho por hacer. Sólo Madrid, en los aparcamientos de su famosa T-4 de Barajas dispone de 57.500 m2 de zonas verdes, siendo el aeropuerto con mayor superficie verde del mundo y, sin embargo, están infrautilizados, no se explotan cuando en otros aeropuertos los tienen como zona de recreo, expansión, creando incluso mariposarios en sus instalaciones. Los responsables del aeropuerto madrileño se quedaron sorprendidos cuando el presidente de la World Green Infraestructure Network quiso visitar esta cubierta. Hubo que solicitar varias autorizaciones para poder acceder a una instalación que llevaba seis años cerrada por los atentados terroristas que hubo en el aeropuerto. Su sorpresa fue mayúscula cuando comprobaron que, sin ninguna intervención agrícola, las plantas que lo habían colonizado seguían vivas.

¿Nuestro país es pionero en este tipo de instalaciones agrícolas?

En efecto, la cubierta vegetal que tenemos en la Escuela Técnica Superior de ingenieros Agrónomos fue pionera en toda la Cuenca del Mediterráneo. Nació gracias a una donación del ayuntamiento de Berlín. Se trata de un espacio sostenible que no tiene ningún tratamiento de riego ni de abono y que, décadas después, todavía sigue en funcionamiento. Madrid, por superficie, podría estar entre las primeras ciudades del mundo porque, además de los metros cuadrados de la T-4, la Ciudad Financiera del Santander dispone de otros 137.000 m2; el hotel Wellintong tiene el Huerto Urbanomás grande del Mundo en la Azotea de un Hotel; el jardín vertical, obra de Patrick Blanc, en el Caixa Forum de Madrid; la instalación de Vivers Ter en el edificio de Tabacalera en Tarragona; el patio del Hotel Mercure Madrid Santo Domingo, donde se encuentra un jardín colgante de 25 metros de altura, reconocido por el libro de los Record Guinness como el más grande del mundo o la Torre de Cristal de Madrid, el edificio de oficinas más alto de España, que muestra una fachada en forma de cristal tallado en cuya cúpula esconde un jardín secreto, un auténtico pulmón verde con más de 24.000 especies y una amplia variedad de árboles. Con estos y otros ejemplos, ¿cómo no vamos a apoyar un cultivo que además es beneficioso para la alimentación, el medio ambiente, el entretenimiento, la ornamentación y la agricultura, que es multifuncional y que incluso las ciudades Patrimonio de la Humanidad se están planteando incorporar?

Es cierto que las nuevas tecnologías han permitiendo construcciones masivas, donde el gris desplazaba al verde. Pero las mismas tecnologías hoy también sirven para mejorar problemas de aislamiento energético y acústico, filtraciones, humedades y permiten nuevos emplazamientos de agricultura en altura (“vertical farming”). Estamos asistiendo al nacimiento de “islas verdes”, pero el objetivo final no pasa por colocar un jardín en la ciudad, sino ubicar la ciudad en el jardín, de manera viable.

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