Repensar el Tercer Sector

Hoy el Tercer Sector conforma uno de los mayores yacimientos de empleo.

Existe una variada tipología de organizaciones que están detrás del amplio concepto de Entidad Sin Ánimo de Lucro. También hay un acuerdo para decir que son organizaciones no lucrativas que desarrollan acciones y servicios de interés general. Que fabrican ciudadanía, construyendo cohesión e inclusión social, luchando contra la pobreza y la discriminación, evitando que los colectivos más sensibles de nuestra sociedad queden al margen de unos niveles mínimos de bienestar social, llegando donde la Administración Pública ni el mercado pueden hacerlo y creando empleo.

<< Huertos a campo abierto. Actividades de apoyo de Global Humanitaria en Bolivia.

No es fácil encontrar una definición clara e indiscutible sobre el Tercer Sector. A menudo se utilizan diferentes acepciones para referirnos a este ámbito, pudiéndose encontrar las siguientes denominaciones: Organizaciones No Gubernamentales (ONG), Entidades No Lucrativas(ENL), Organizaciones de Solidaridad, Asociaciones de Voluntariado, Organizaciones Humanitarias... aunque todas se refieren al Tercer Sector o Sector No Lucrativo.

Las sociedades industrializadas y desde un punto de vista institucional, recogen la coexistencia de tres sectores. El Sector Privado (Empresas); refiriéndose a aquellas actividades del mercado que tienen como fin la búsqueda de beneficios. El Sector Público, que alude a toda aquella actividad regulada por las administraciones y el Tercer Sector, donde estarían por eliminación todas aquellas actividades que no son ni del Mercado ni del Estado; lo formarían, por tanto, entidades sin ánimo de lucro y no gubernamentales.

Pero esta definición, que es bastante general, puede ser ampliada de forma más operativa siguiendo el estudio comparativo internacional liderado por el equipo de la Universidad “Johns Hopkins”de Baltimore que estableció cinco criterios clave asumidos posteriormente por la ONU en la publicación The Handbook on Non-Profit Institutions in the System of National Accounts, estos criterios determinarán los rasgos básicos que debe poseer una institución cualquiera para poder ser entendida como parte del Tercer Sector.

Debe estar organizada formalmente, lo que incluye una realidad institucionalizada, con estructuración interna, estabilidad relativa de objetivos formales y distinción neta entre socios y no socios. Ser privada, lo que conlleva estar separada institucionalmente de cualquier nivel gubernamental. No ha de formar parte del sector público (estatal, autonómico y local), ni ha de estar controlada por éste; esto no significa, sin embargo, que la organización no pueda recibir apoyo público, ni excluye que pueda haber funcionarios públicos en sus órganos de gobierno. Debe tener ausencia de ánimo de lucro aunque cabe destacar que la obligación de no distribuir beneficios no impide que una Empresa sin Ánimo de Lucro pueda pagar sueldos y salarios competitivos a sus trabajadores y trabajadoras. Han de tener sus propios mecanismos de autogobierno y han de gozar de un grado significativo de autonomía y por último tener un marcado grado de participación voluntaria.

Fotografía:Javier Bellver

Concretando aún más uno de los primeros tratadistas que utiliza el término Tercer Sector es Miguel Ángel Cabra de Luna en su artículo “Propuesta de balance social para fundaciones” publicado en 2001 en la revista CIRIEC-España, donde señala que “es éste un concepto aglutinador de las iniciativas privadas sin animo de lucro, que vienen jugando un papel cada vez más importante junto al sector público (Estado) y el mercado, y conforman una tríada que configura nuestra realidad socioeconómica, donde el desarrollo social cobra cada vez mayor importancia, al hilo de la crisis del Estado del Bienestar y su proceso de evolución hacia la Sociedad del Bienestar”.

Cada euro que dediquemos a financiar los servicios públicos gestionados por el tercer sector de acción social, no será un gasto sino una de las mejores inversiones colectivas que podemos hacer, en beneficio colectivo.

¿Qué tipología de organizaciones están detrás del amplio concepto de Entidad Sin Ánimo de Lucro? Dentro de la sociedad civil pueden ser ONG (Organizaciones No Gubernamentales) y ONGD (Organizaciones No Gubernamentales para el Desarrollo). Dentro de la Economía social pueden ser Cooperativas y Mutualidades. En el campo del Asociacionismo Voluntario, englobaría a las Fundaciones y Asociaciones. Por último, en el Sector no lucrativo las ESAL (Empresas sin ánimo de Lucro), y las  ENL (Entidades No Lucrativas).

Yacimiento de empleo

En España, según la Plataforma del Tercer Sector, organización de ámbito estatal, sin ánimo de lucro que nació el 10 de enero de 2012 con la intención de unir y amplificar su voz. “El Tercer Sector, a través de su Plataforma, representa en torno a 29.000 entidades en todo el país, de carácter privado, voluntario y sin ánimo de lucro, en las que trabajan más de 500.000 personas remuneradas, el 2,5% del empleo nacional y el 1,7% del PIB, con cerca de 900.000 voluntarios, que prestan servicios de apoyo directo a más de 5.000.000 de personas, en su mayoría en situación de vulnerabilidad y exclusión social”.

Lo cierto es que como recoge Víctor Meseguer Sánchez, abogado, educador y consejero e investigador de la Cátedra de RSC de la Universidad de Murcia, en un artículo publicado en el diario La Verdad, “si la solidaridad consiste en no dejar solos a los demás con sus problemas, estaríamos hablando de un conjunto de asociaciones, fundaciones y cooperativas sociales, representativas de la sociedad civil, que practican la solidaridad con los sectores más vulnerables de la población. Son organizaciones no lucrativas que desarrollan acciones y servicios de interés general, que fabrican ciudadanía, que construyen cohesión e inclusión social, que luchan contra la pobreza y la discriminación, evitando que los colectivos más sensibles de nuestra sociedad queden al margen de unos niveles mínimos de bienestar social, llegando donde la Administración Pública, ni el mercado pueden hacerlo”.

El nuevo proyecto identifica indicadores y buenas prácticas para conseguir organizaciones sociales más independientes, solventes y responsables.

En marzo de 2014, en el Foro Económico Mundial que se celebró en Bilbao, el entonces comisario europeo para el Mercado Interno Michael Barnier, defendió un crecimiento económico basado en la cohesión social. “Necesitamos una Europa donde cada empresa, persona y país tienen algo que decir. No hay crecimiento sin cohesión social”. Desde este punto de vista, el trabajo que el llamado tercer sector de acción social y la economía social que en general desarrollan es esencial. Por ello, la apuesta por su refuerzo y estabilidad debería ser una de las prioridades en la agenda política de cualquier gobierno y, más aún en el actual escenario de crisis económica en el que se reduce el presupuesto, pero aumentan y de qué manera, las necesidades sociales de los sectores de población más vulnerables.

Cada euro que dediquemos a financiar los servicios públicos gestionados por el tercer sector de acción social, no será un gasto sino una de las mejores inversiones colectivas que podemos hacer, no en beneficio de unos pocos, sino en beneficio colectivo. El propio mercado, desde los principios de responsabilidad social empresarial, debería invertir, conjuntamente con la Administración pública en las políticas de cohesión e inclusión social.

Un tercer sector de acción social que ha ido creciendo de forma muy significativa en los últimos años, dando cada vez más calidad y profesionalidad a los servicios que presta, generando innovación, creatividad y empleo de forma muy significativa.

Mencionaremos que el modelo mixto de implantación del sistema de bienestar social español y su reciente expansión ha colaborado en el crecimiento del tercer sector de acción social. Las administraciones públicas están externalizando, cada vez más, la prestación de servicios sociales de responsabilidad pública hacia la gestión de organizaciones sociales. Los gobiernos recurren a las organizaciones sociales por variadas razones: por parecer menos intervencionistas, por ahorrar recursos públicos pero también por aprovechar la mayor experiencia y contacto con la realidad social de las organizaciones del tercer sector.

Lamentablemente el actual modelo de financiación está ocasionando un déficit en la calidad de las prestaciones, un menor impacto social, un gasto excesivo en la gestión, una peor atención a la población en riesgo de exclusión social, un mal aprovechamiento de los recursos puestos en juego, la descoordinación de los mismos y la perdida de empleo en un sector que conforma uno de los mayores yacimientos de empleo.

Es urgente dotar al tercer sector de acción social, de un marco que lo regule, que se reconozcan sus funciones de interés social, al tiempo que se le dote de la representatividad e interlocución que merece. De momento, como se recoge en la Plataforma del Tercer Sector, conla aprobación del anteproyecto de Ley del Tercer Sector de Acción Social el pasado 21 de enero, el Tercer Sector da un gran paso con la aprobación de este texto porque ofrece identidad, estabilidad y garantías a todas las entidades.

Proyecto RS3S

Las organizaciones del tercer sector ya se han puesto a trabajar y según la Web de la Red para la Sostenibilidad del Tercer Sector, la responsabilidad social ya se erige en modelo de nueva empresa que, desde la gestión sostenible de todos sus recursos y los impactos que su actividad genera, permite dibujar la nueva organización necesaria.

En el futuro más inmediato, la responsabilidad social no es un contenido más a añadir a la agenda de las organizaciones del tercer sector, sino un factor clave de eficacia y despliegue de su esencia, de su identidad y razón de ser.

Un tercer sector de acción social que ha ido creciendo de forma muy significativa en los últimos años, dando cada vez más calidad y profesionalidad a los servicios que presta, generando innovación, creatividad y empleo de forma muy significativa. 

Conscientes de la crisis en que vivimos y de la necesidad de repensar el tercer sector como agente clave en la construcción de una sociedad más sostenible, ECODES y la Fundación Pere Tarrés han puesto en marcha la Red para la sostenibilidad de organizaciones sostenibles del Tercer Sector (RS3S).

 

Se trata de una red de organizaciones que trabajarán juntas para mejorar su competitividad y eficiencia, garantizando la transferencia de conocimientos al conjunto del tercer sector alrededor de tres ejes como son la eficiencia en la gestión de recursos, la sostenibilidad económica y financiera y la medición del impacto como forma de dar cuenta a la sociedad del trabajo de las entidades sociales.

El nuevo proyecto identifica indicadores y buenas prácticas para conseguir organizaciones sociales más independientes, solventes y responsables. Estos indicadores se refieren a cuestiones de carácter económico, social y ambiental. Entre los primeros, la red está fijando su atención en mecanismos financieros que permitan a las organizaciones sociales tener un margen de maniobra y gestionar sus recursos bajo parámetros de inversión responsable. La diversificación de fuentes de ingresos, tanto públicos como privados, de ámbito local, nacional o internacional, es otro de los puntos de atención.

Desde el punto de vista ambiental, las entidades están prestando especial atención a la reducción y compensación de emisiones de CO2, el ahorro de energía, agua y recursos naturales, así como la apuesta por compras locales.

El ámbito de lo social es el tercer gran pilar de esta batería de indicadores. Las organizaciones de la red no quieren perder de vista la importancia de medir el impacto y el retorno social de su trabajo, auténtico objetivo de las mismas para el cumplimiento de su misión.

Si la solidaridad consiste en no dejar solos a los demás con sus problemas, estaríamos hablando de un conjunto de asociaciones, fundaciones y cooperativas sociales, representativas de la sociedad civil

La Red ha nacido de la voluntad de varias entidades de repensar el tercer sector como agente clave en la construcción de una sociedad más sostenible para hacerlo más independiente, solvente y responsable. Bajo esta idea, Fundación Pere Tarres y Ecodes impulsaron esta red, que nació ya con trece entidades de distintos ámbitos de intervención del territorio español en julio de 2014 con el apoyo del programa "Ciudadanía Activa" de EEGrants gestionado por la Plataforma de ONG de acción social.

Más información en la web: http://www.rs3s.org


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