Ecoinnovar en la empresa. La ventaja de ser diferente.

El teclado QWERTY de un ordenador moderno o cualquier smartphone es el mismo que el de las máquinas de escribir de hace 150 años. En estas letras está escrita la dificultad para cambiar por el simple peso de la inercia. La ecoinnovación es la tecla con la que cualquier pyme puede aumentar su competitividad a la vez que consigue mejoras para el medio ambiente. Y este es el ámbito del proyecto transfronterizo Eneco2.

<< Teclado QWERTY. La pervivencia del mismo teclado que hace 150 años muestra la  dificultad para romper la inercia de aquello que se viene haciendo.

Hay ecoinnovaciones de algunas compañías que suponen de pronto grandes cambios para la sociedad. Sin embargo, como incide Javier Carrillo, profesor de Economía y Dirección de Empresas del Instituto para el Análisis Económico y Social de la Universidad de Alcalá, “el 80-90% de las innovaciones en general son lo que se denominan mejoras incrementales, pequeñas modificaciones”. Los grandes saltos, los avances realmente radicales y disruptivos, resultan mucho más escasos por tratarse de cambios mucho más complejos desde el punto de visto técnico y económico. Dentro de este grupo de grandes ecoinnovaciones, por ejemplo, estaría el coche híbrido, el automóvil con dos motores, uno de gasolina y otro eléctrico. Aunque hoy es ya bastante usual ver estos vehículos por las calles, sus comienzos resultaron muy difíciles. La primera vez que se presentó al público una versión de lo que sería el Toyota Prius fue en el Tokyo Motor Show de 1995, pero a comienzos de ese mismo año los técnicos todavía se rompían la cabeza con un prototipo que seguía sin funcionar. Los testimonios de ingenieros de Toyota de aquella época muestran lo mucho que costó que finalmente saliera al mercado japonés el primer híbrido de la historia en 1997.

Pequeños pasos adelante. Lo más común en ecoinnovación son los cambios pequeños, los avances más disruptivos, como el vehículo híbrido o el eléctricos, son mucho más complejos.

Siguiendo con el caso del coche, la aparición de modelos comerciales de nuevas tecnologías, como los híbridos o los eléctricos, ha sido hasta el momento algo excepcional. Ahora bien, desde que empezaron a rodar los primeros vehículos de motor de combustión a finales del siglo XIX se han producido infinidad de mejoras en estas máquinas, también desde el punto de vista ambiental. Como ocurre en general con las innovaciones de las empresas, la gran mayoría fueron solo pequeños cambios, pero sumados todos ellos han supuesto importantes transformaciones. La cuestión es: ¿son realmente suficientes para afrontar el desafío ambiental al que nos enfrentamos? Con el coche, resulta evidente que las muchas mejoras en eficiencia han servido de poco para reducir las emisiones contaminantes al multiplicarse estas máquinas por todo el mundo. Aún así, no dejan de tener un gran interés. “Son útiles los dos tipos de cambio”, incide Carrillo. “Las innovaciones pequeñas, las incrementales, producen también mejoras y dan tiempo a que se produzcan los innovaciones radicales, que son las más deseables y las que tienen más impacto”. 

Los beneficios económicos de innovar en medio ambiente

Son muchos los estudios que demuestran que apostar por innovaciones ambientales genera diferentes tipos de ventajas para las empresas. Sin embargo, a menudo estos beneficios no están bien valorados o resultan difíciles de valorar. “Innovar en sí mismo resulta arriesgado. Técnicamente, porque puede no salir, y económicamente, porque puede no ser rentable. Añadido a esto, la ecoinnovación muestra una barrera adicional y es que no siempre los beneficios ambientales tienen un valor de mercado”, comenta el economista, autor del libro Eco-innovación: Claves para la competitividad sostenible y la sostenibilidad competitiva. “Al final, una empresa que contamina, si está dentro de la Ley, puede seguir haciéndolo sin tener mayor perjuicio o sin perder clientes. Y otra que se esté preocupando de tener productos más fáciles de reciclar o que tengan menos impacto en su ciclo de vida quizá no esté capturando un beneficio diferencial”.

Estas deficiencias del mercado hacen que no siempre sea fácil medir las ventajas de ecoinnovar. Sin embargo, como explica el profesor del Instituto para el Análisis Económico y Social de la Universidad de Alcalá, existen suficientes evidencias empíricas para afirmar que las empresas que innovan en medio ambiente tienen algún tipo de beneficio o rendimiento. Ecoinnovar puede ayudar a la compañía a mejorar su competitividad, a mantener su posición en el mercado, a ganar una mayor cuota o, al menos, a no ser penalizada.  “Quizá no esté claro el premio, pero sí el castigo”, comenta Carrillo: “Puede que no ocurra nada si una empresa no se preocupa por el medio ambiente, pero en todos los estudios queda claro que sí será penalizada si los clientes, los consumidores, perciben que no está realizando algo que sí hace la competencia”. “No te puedes quedar atrás”.

Son muchísimos los ejemplos llamativos en el mundo de innovaciones de empresas que suponen una mejora ambiental: bioplásticos fabricados con hongos (Ecovative), tejidos elaborados a partir de la fibra de árboles (Tencel), moquetas que al final de su ciclo de vida son recuperadas por la compañía para volver a transformarlas en moquetas (EcoWorx)…  Cuando se habla de estas innovaciones se suele pensar en tecnología y en atrevidas soluciones. Sin embargo, esto no es ni mucho menos así. La mejora puede tratarse de una innovación del mercado o de una forma diferente de organizarse (una innovación organizacional). Incluso ser una idea aparentemente insignificante. Resulta muy curioso el caso del pan de molde de Mercadona en España. Esta cadena de supermercados logró un significativo ahorro de energía, y su consiguiente reducción de emisiones de CO2 y de costes, gracias a una ecoinnovación sorprendente: empezó a colocar los paquetes de pan de molde en vertical en lugar de horizontal en las cajas utilizadas para distribuirlos a las tiendas. Con este simple gesto la empresa se ahorra en un año 1.800 viajes de camiones, al poder transportar en las cajas de reparto mayor cantidad que antes.

Las empresas pequeñas como motor de ecoinnovación

Esto demuestra también que, contrariamente a lo que se piensa, no hay que ser una empresa grande, ni tener un departamento de I+D, ni grandes recursos para innovar en medio ambiente. Al contrario. Por lo general, las pymes son más flexibles. “Una empresa pequeña está menos comprometida en inversiones, o en activos fijos, que otra grande a la que posiblemente le cueste mucho más girar el timón y hacer un gran cambio”, comenta Carrillo, que señala en este punto una de las principales barreras de cualquier tipo de innovación: la dificultad para romper la inercia de aquello que se viene haciendo. Un ejemplo muy utilizado para ilustrar esto es el del teclado QWERTY. El nombre proviene de las primeras seis letras de la fila superior de las teclas y corresponde al teclado más utilizado en el mundo. Sin embargo, como explicó muy bien en uno de sus ensayos más célebres el paleontólogo Stephen Jay Gould, esta disposición de las letras resulta poco óptima para escribir rápido. De hecho, la posición de este teclado QWERTY inventado por C.L. Sholes en la década de 1860 buscaba justamente reducir la velocidad de mecanografiado para evitar enredos de las teclas en las máquinas de escribir primitivas. Paradójicamente, más de 150 años después, esta misma disposición poco óptima sigue manteniéndose hoy en día en ordenadores modernos o incluso smartphones. Y esto tiene mucho que ver también con la dificultad para introducir el coche eléctrico en las calles, para colocar placas fotovoltaicas en los tejados de las casas o para cambiar algunos hábitos poco ambientales de los consumidores. “Las empresas grandes están más condicionadas por lo que han venido haciendo que las pequeñas, así que no hay que descartar a las pequeñas como un motor importante de la ecoinnovación”, incide el economista, que considera también imprescindible el empuje de la Administración para romper con la inercia y ayudar a las nuevas tecnologías más limpias (no necesariamente con ayuda financiera).

“Las innovaciones pequeñas producen también mejoras y dan tiempo a que se produzcan las innovaciones radicales, que son las más deseables y las que tienen más impacto”.

Para muchas compañías, el mayor freno para avanzar en ecoinnovación no es otro que la crisis económica. No obstante, aquí se da una nueva paradoja. Por un lado, parece lógico pensar que cuando el mercado se cierra y escasea la financiación se debe resentir el desarrollo de mejoras ambientales dentro de las empresas. Pero, al mismo tiempo, también es en estas situaciones en las que se agudiza más el ingenio y  tiene más interés innovar.  “Muchas veces la ecoinnovación tiene mucho que ver con el ahorro, sobre todo si hablamos de eficiencia, de reducción de costes energéticos”, destaca Carrillo. “Todas las políticas que pueda emprender una empresa, ya sea grande o pequeña, para intentar sobrevivir a una situación de mercado compleja probablemente vayan en esa dirección de buscar ahorros”. Así pues, sí que es cierto que la crisis puede afrontarse como una oportunidad. Sobre todo, en el caso de aquellas mejoras pequeñas, de tipo incremental, encaminadas a mejorar la eficiencia o a reducir costes.  Otra cosa es lo que ocurre con mejoras más radicales, que puede que sí exijan una determinada financiación.


‘Coopetencia’, en el proyecto transfronterizo Eneco2 

En este contexto es en el que se ha desarrollado Eneco2, un proyecto transfronterizo incluido en el Programa de Cooperación Territorial España-Francia-Andorra (Poctefa) 2007-2013, para promover la ecoinnovación entre pymes de regiones de los dos lados del Pirineo. En esta iniciativa, llevada a cabo de junio de 2012 a noviembre de 2014, han participado seis socios: la Fundación Centro de Recursos Ambientales de Navarra (CRANA); la Asociación de Empresas de la Merindad de Estella (LASEME), también de Navarra;  la Agencia de Desarrollo Económico de La Rioja (ADER); la Fundación Ecología y Desarrollo (ECODES), de Aragón; el centro tecnológico APESA, de la Aquitania francesa; y la Chambre de Commerce et d'Industrie de Région Midi-Pyrénées (CCIR). “A la hora de ecoinnovar de lo que se trata es de generar lo que se llama ‘coopetencia’, es decir, colaborar y competir a la vez”, incide Ana Carmen Irigalba, de CRANA y jefa de filas de Eneco2.

Eneco2. La ecoinnovación cruza fronteras. Este el eslogan que se utiliza
para promocionar el proyecto Eneco2.

En concreto, este proyecto transfronterizo se ha encargado de construir una caja de herramientas para la ecoinnovación  (desarrollada en la web eneco2.org) y de crear un espacio de localización y conocimiento mutuo entre pymes en materia de medio ambiente y Responsabilidad Social Empresarial (RSE). “La ecoinnovación se trata sobre todo en España, pero en Francia se habla más de eco-economía, que incluye otros aspectos aparte de los ambientales, como los sociales, en una visión más amplia, más integradora, que está muy relacionada con lo que nosotros llamamos RSE”, destaca Irigalba. “Hay unas empresas con cierto grado de proactividad y otras a las que hay que animar a ecoinnovar facilitándoles distintos recursos, metodologías y financiación”, explica la jefa de filas del proyecto. “Nosotros hemos incidido sobre todo en aquellas que no podrían hacerlo sin esta inyección de recursos”.

Lo que se busca principalmente con la ecoinnovación es que estas pymes se diferencien. Para ello, Eneco2 se apoya en una plataforma 2.0, una web que funciona como una página de servicios a empresas. Además, el proyecto intentar hacer de puente entre las pymes y los agentes de la ecoinnovación, que son entidades públicas o privadas que promueven que se hagan este tipo de mejoras aportando recursos. Se ofrece a las empresas experiencias, financiación, metodologías, normativas, documentos… Una de las aportaciones de Eneco2 ha sido justamente la elaboración de metodologías de diagnóstico y planes de actuación en ecoinnovación. De forma paralela a estas herramientas, se han realizado acompañamientos, que son asesoramientos a través de profesionales especializados, para guiar a estas empresas a dar los pasos necesarios para innovar en medio ambiente. Igualmente, se han llevado a cabo foros presenciales en cada región y dos encuentros transfronterizos. A través de esos acompañamientos y esos foros regionales se intentan constituir redes territoriales que se unan en red mayor entre las dos vertientes del Pirineo. “Eneco2 intensifica la cooperación trasfronteriza para crear una red en materia de ecoinnovación y que pueda haber flujos entre estas empresas en las distintas regiones”, detalla Irigalba. “La dificultad mayor es que se muevan las empresas de una región a otra, superar esa resistencia inicial por no tener claro el valor añadido de cooperar. Eso es complejo, pero merece la pena”.

Clemente Álvarez

Equipo y patrocinadores