Matarraña: diálogo como herencia de un conflicto

La cuenca consensúa el primer contrato de río de España

La historia del Matarraña no empieza bien. Este río de frontera entre las comunidades de Aragón, Cataluña y Valencia fue testigo de conflictos muy duros entre la cuenca alta y la baja, con una persona en huelga de hambre y la intervención de los GEOS. Disputas por el agua que no resolvieron ni las soluciones impuestas ni, por supuesto, la fuerza. Fueron los propios habitantes de la cuenca quienes llegaron a la conclusión de que más les valía buscar un acuerdo, o aquello terminaría en tragedia. Comenzaron a escucharse unos a otros, un municipio con el de al lado. Llegaron los acuerdos de La Fresneda y de Fabara, el dictamen del Matarraña, el proceso participativo del Plan de Cuenca. “El conflicto estaba resuelto, había diálogo... Era terreno abonado para un contrato de río”, interviene María Jesús Sanz, responsable de relaciones institucionales de ECODES.

La Fundación empieza a trabajar en la idea en 2010, junto con el Gobierno de Aragón, la Plataforma en Defensa del Matarraña, la Junta de Regantes y la Confederación Hidrográfica del Ebro. El contrato se firma el 14 de febrero de 2011, Día de los Enamorados. Con asamblea del comité de río, junta directiva, grupos de trabajo y secretaría técnica, que pasa a ocupar ECODES. Los firmantes piden una apuesta por el desarrollo sostenible y una gestión integrada que les permita seguir viviendo y trabajando en su territorio; a cambio, se comprometen a arrimar el hombro, conjuntamente y con responsabilidad, con objetivos realistas, plazos y responsabilidades definidas. Por lo pronto, han constituido cinco líneas de trabajo para poner en valor su entorno: sensibilización, difusión, voluntariado, estudios técnicos y comunicación. Y han presentado sus alegaciones al Plan de Cuenca y realizan un seguimiento al plan de depuración de la cuenca.

José María Puyol, presidente de la Junta de Central de Usuarios de la Cuenca del Matarraña y Afluentes, que vivió los tiempos duros protegido por una escolta de la Guardia Civil, proclama: “Hemos dado un ejemplo”. Este agricultor propietario de melocotonares, vehemente, apasionado, aclara: “No han sido los políticos, ni las administraciones, no... ¡Hemos sido los ciudadanos!”.

Todo el mundo con los mismos derechos, desde la cabecera hasta el final del río; desde las mayorías hasta las minorías, cuya voz merece ser oída. “Que diferentes visiones, gente de la cuenca alta, media y baja, lleguen a consensos, resulta muy enriquecedor”, tercia Rafael Martí, presidente del contrato de río y vicepresidente de la comarca del Matarraña. También parece el camino más largo para alcanzar acuerdos, ¿no? “Sí, eso es cierto, pero es el que arroja resultados más seguros y duraderos”, responde. “Vamos a las asambleas y a los comités no a explicar ni a soltarle el rollo a los asistentes, sino a escuchar”, matiza. Cree que mucha gente aún no sabe lo que significa firmar una rúbrica de estas características, ni su alcance. Él lo tiene claro: “Lo que al final supone es que los actores implicados decidan a una qué tipo de territorio queremos construir entre todos”.

QUÉ ES UN CONTRATO DE RÍO

Se trata de un acuerdo suscrito por actores públicos y privados que se comprometen a un proyecto común de gestión de una cuenca hidrográfica. Sus ingredientes fundamentales son:

1) Proceso de participación amplio.
2) Implica a todos los actores.
3) Busca mejorar la calidad ambiental del río a partir de un programa de acción a ejecutar por las partes.

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